¿Qué hay en este libro para los lectores? Prepárate frente al siglo 21.

Estamos en una era de imparable cambio y futuros inciertos, gobiernos e individuos están aferrándose a los temas de tecnología, política y sociales que son únicos al siglo veintiuno. ¿Cómo es que debemos responder a los fenómenos actuales como lo son la inteligencia artificial, la globalización y la epidemia de noticias falsas?, ¿qué tal las amenazas de terrorismo?, ¿debemos tomar acción o respirar profundo y relajarnos?

Este libro tiene algunas de estas respuestas y mucho más. Leerás sugerencias de como preparar a tus hijos hacia el futuro al cambiar tu acercamiento frente a la educación, lo que significan los robots y la automatización para el trabajo ejecutivo en el futuro, y por qué el tema migratorio está amenazando destruir la Europa del siglo XXI.

Yuval Noah Harari, autor de este libro, ha formulado unas lecciones importantes que nos podrían ayudar a lidiar con este momento tan fascinante para la humanidad. En este resumen voy a compartir las seis lecciones más importantes para analizar juntos:

  • ¿cómo es que la disrupción tecnológica llevo al Brexit?
  • ¿por qué le tenemos más miedo a los autos que al terrorismo? Y,
  • ¿por qué debemos enseñarles menos información y más pensamiento crítico a nuestros hijos?

Este quizás más que un resumen tómalo como una reflexión sobre los 6 puntos centrales del libro. Empecemos:

La tecnología está disrumpiendo nuestro sistema financiero, económico y político.

A través del siglo veinte hubo tres ideologías políticas que compitieron por la supremacía mundial: comunismo, fascismo y liberalismo. Si nos adelantamos al siglo veintiuno entonces el liberalismo, el cual celebra la democracia, la empresa libre, y las libertades individuales; fue el claro ganador. Pero ¿cómo es que el sistema democrático-liberal del oeste va a acoplarse con el siglo veintiuno?

Desgraciadamente, sus signos vitales no se ven bien y la revolución de la información tecnológica podría ser la culpable.

A partir de 1990, la tecnología de la información ha transformado nuestro mundo más que cualquier otra fuerza. Pero a pesar de su impacto masivo, la mayoría de los políticos actuales pareciera que no comprenden esta innovación y son aún menos capaces de controlarla.

Solo hace falta voltear a ver el mundo de las finanzas. Las computadoras ya han convertido el mundo financiero en diabólicamente complicado, tanto así, que ahora muy pocos humanos pueden explicar cómo es que funciona. Al paso que va el siglo veintiuno y con los avances de la inteligencia artificial, podemos llegar a un momento en el que ningún humano podrá entender los datos financieros. Las implicaciones de este escenario para nuestro proceso político son alarmantes. Solo imagínate un futuro en dónde los gobiernos tienen que esperar pacientemente para que los algoritmos les aprueben los presupuestos y planes para reformas fiscales.

Desgraciadamente para muchos de los políticos del siglo veintiuno, la disrupción tecnológica no es parte de sus prioridades en la agenda. Por ejemplo, durante las elecciones presidenciales del 2016 en Estados Unidos de América, ni Donald Trump ni Hilary Clinton discutieron las implicaciones de la automatización con la pérdida de trabajos. De hecho, la disrupción tecnológica fue solo un tema alrededor del escándalo sobre los correos electrónicos de Hilary Clinton.

El muro del silencio está causando que muchos de los votantes pierdan la fe en los gobiernos establecidos. La gente ordinaria en las democracias liberales del oeste se sienten más y más irrelevantes en este nuevo mundo de inteligencia artificial, globalización y aprendizaje automático. Es precisamente este miedo a ser irrelevante el que los está haciendo empuñar desesperadamente cualquier poder político que aún tienen, antes de que sea muy tarde, ¿no te convence la idea? Solo hace falta ver los terremotos políticos del 2016. Tanto el Brexit en el Reino Unido como la elección de Donald Trump en los Estados Unidos de América fueron impulsados por personas ordinarias, preocupadas por el mundo y sus sistemas políticos dominantemente liberales que los estaban dejando atrás.

A través del siglo veinte, los empleados ordinarios se preocuparon de cómo sus trabajos estaban siendo explotados por las élites económicas. Pero en estos tiempos, las masas tienen más miedo de perder su estatus económico en una economía de alta tecnología que ya no necesita más de su labor.

Los nuevos descubrimientos en la neurociencia están permitiendo que las computadoras tomen nuestros trabajos

Aún cuando la mayoría de los expertos están de acuerdo en que la robótica y el aprendizaje automático van a cambiar probablemente todas las líneas de trabajo en el siglo veintiuno, no podemos predecir como se verá esto, ¿será que billones de personas se verán económicamente irrelevantes en los siguientes veinte años?, o bien, ¿será que la automatización significará una abundancia más amplia y trabajos increíbles para todos?

Muchos optimistas apuntan a la revolución industrial del siglo diecinueve, un momento en el que el miedo a la tecnología de las máquinas crearía un desempleo global masivo. Destacan que, desde el inicio de la revolución industrial, las nuevas tecnologías han creado un empleo nuevo por cada uno que se ha perdido.

Desafortunadamente, hay buenas razones para asumir que, en el siglo veintiuno, el impacto de la nueva tecnología sobre el empleo de los humanos será más destructivo.

Solo consideremos el hecho de que los humanos tenemos dos dominios de habilidades: cognitivas y físicas. En la revolución industrial previa, los humanos experimentaron competencia con las máquinas exclusivamente en el dominio de las habilidades físicas. Nuestras habilidades cognitivas, mientras tanto, permanecían muy superiores a las de las máquinas. Por lo tanto, aún mientras que existió automatización de algunos trabajos manuales dentro de la industria y la agricultura, concurrentemente emergieron nuevos empleos que requerían el tipo de habilidades cognitivas particulares a los humanos, como el análisis, la comunicación y el aprendizaje.

Pero en el siglo veintiuno, las máquinas se están volviendo suficientemente inteligentes para competir por estos empleos basados en el dominio cognitivo.

Recientemente, la neurociencia ha descubierto que muchas de nuestras elecciones, preferencias y emociones no son el resultado de una facultad humana mágica, como la libertad de elección. En su lugar, la cognición humana viene de la habilidad del cerebro para calcular diferentes probabilidades en un tiempo muy corto.

Estos descubrimientos neurocientíficos traen a la mesa una pregunta preocupante: ¿podrá eventualmente la inteligencia artificial desempeñarse mejor que los humanos en profesiones que requieren de la “intuición humana” ?, como lo son las leyes o la banca. Es altamente probable. Los científicos detrás de la inteligencia artificial ahora saben que lo que se veía como la impenetrable intuición humana eran realmente solo nuestras redes neurales reconociendo patrones familiares y haciendo cálculos rápidamente sobre probabilidades.

Así que, en el siglo veintiuno, las computadoras van a poder tomar decisiones en la banca como si deben o no otorgar un préstamo a un cliente, al igual que predecir precisamente si un abogado en un juicio esta “blofeando” o no. En otras palabras, en los siguientes años, aún los empleos con altas demandas cognitivas no estarán fuera del alcance de la automatización.

El debate polarizado sobre migración esta amenazando desmantelar la Unión Europea

El mundo nunca se ha visto tan pequeño. El siglo veintiuno ha tenido cambios inimaginables para nuestros antepasados. Por ejemplo, la globalización ha hecho posible conocer a gente de todas partes del mundo. Desafortunadamente, también ha abierto nuevas oportunidades para el conflicto.

En efecto, a medida que más y más personas cruzan fronteras en la búsqueda de mejores empleos y mayor seguridad, nuestro deseo de expulsar, confrontar o asimilar a extraños está poniendo nuestras ideologías políticas y las identidades nacionales en una de sus pruebas más severas.

Este reto de inmigración es particularmente pertinente en Europa.

En el siglo veinte, la Unión Europea fue fundada con la premisa de sobreponerse a las disparidades culturales entre los ciudadanos de Francia, Alemania y otras naciones europeas. Pero irónicamente, este proyecto político puede ahora colapsarse porque falló en el acomodo de las distinciones culturales entre los ciudadanos europeos y los recién ingresados del medio oriente y África.

Por ejemplo, los crecientes números de nuevas llegadas de estas regiones iniciaron debates amargos entre europeos en cuanto a temas de tolerancia e identidad.

Aún cuando es ampliamente aceptado que los migrantes deben hacer un esfuerzo por asimilar la cultura del país que ahora los hospeda, qué tan lejos debe de llegar esta asimilación en temas contenciosos. Algunos europeos y grupos políticos argumentan que los migrantes que llegan de culturas que son, digamos, fuertemente patriarcales y religiosas, y al entrar a la sociedad liberal europea, deben adoptar las normas feministas y seculares de los países.

En contraste, los europeos pro-migración abogan que, dado que Europa es ya altamente diversa, con un amplio matiz de valores y hábitos representados entre los nativos, es injusto esperar que los inmigrantes asimilen una identidad colectiva abstracta que inclusive muchos europeos no integran a sus vidas. Estos europeos argumentan que no debemos esperar que los inmigrantes musulmanes se conviertan al cristianismo cuando la mayoría de los ciudadanos ingleses no asisten a misa. También cuestionan porque los inmigrantes del Punjab deben de dejar sus curries en favor del “fish & chips”, dado que a la mayoría de los británicos nativos es más probables encontrarlos en un restaurante de curry un viernes por la noche que en una tienda de “fish & chips”.

Ultimadamente, el tema de la asimilación de inmigrantes está lejos de aclararse. Por lo tanto, la lección para el siglo veintiuno es que este debate no debe ser enmarcado, lo que comúnmente se hace, como una lucha moral entre “fascistas” antiinmigración y un grupo pro-inmigración promoviendo el “suicidio” de la cultura europea. En lugar de esto, la inmigración debe discutirse racionalmente, ya que ambas perspectivas políticas tienen alguna legitimidad.

Los grupos terroristas como Al-Qaeda son maestros de la manipulación

Nadie es mejor con los juegos mentales que los terroristas del siglo veintiuno. Desde los ataques del 9/11, en 2001, cerca de 50 personas son asesinadas por terroristas al año en la Unión Europea. En América, cerca de diez personas.

Ahora considera que, durante ese tiempo, 80,000 personas en Europa y 40,000 en América han muerto en accidentes de tránsito. Claramente, nuestras carreteras y nuestra forma de conducir representan un peligro mucho mayor en nuestras vidas que el terrorismo. Entonces, ¿por qué la mayoría de los occidentales le tienen más miedo al terrorismo que a manejar?

El terrorismo es una estrategia utilizada típicamente por gente débil y grupos desesperados. El objetivo es cambiar una situación política al generar miedo en los corazones de los enemigos en lugar de causar daños materiales; que normalmente los terroristas no tienen la fuerza para generar. A pesar de que los terroristas típicamente matan a pocas personas en general, el siglo veintiuno nos ha enseñado que sus campañas pueden ser tremendamente efectivas.

Por ejemplo, a pesar de que los ataques supuestamente perpetrados por Al-Qaeda el 11 de septiembre mataron a 3,000 personas y causaron tremendo terror en las calles de Nueva York, infligieron muy poco daño al poder militar de las fuerzas armadas. Después del ataque, Estados Unidos de América tenía exactamente el mismo número de soldados, barcos y tanques que antes de ellos; y las carreteras del país, sistemas de comunicación y sistema ferroviario permanecían intactos. Pero el enorme impacto audiovisual del colapso de Las Torres Gemelas fue suficiente para que la nación entera buscara retribución masiva. Los terroristas querían causar una tormenta política y militar en el Medio Este, y lo lograron. Solo unos días posteriores al ataque, George W. Bush le declaró la guerra a Afganistán, guerra de la cual aún se sienten las consecuencias en la región.

Así que, ¿cómo es que un grupo débil de terroristas, con pocos recursos militares disponibles, logra manipular a la máxima potencia mundial en una respuesta tan desproporcionada?

Para quizás ayudar a responder esta pregunta se me ocurre que podría ser útil pensar a los grupos terroristas como al-Qaeda como una mosca que vuela en una tienda de cerámica. Esta mosca quiere romper algo, pero no es suficientemente fuerte para mover ni una taza. Sin embargo, tiene una mejor idea. Dentro de la tienda de cerámica hay un toro grande y fuerte, y si la mosca puede volar alrededor de sus orejas y lo molesta, el toro, en su intento por matar a la mosca, puede eventualmente romper todo dentro de la tienda. En el caso del 11 de septiembre y la guerra en contra del terror, la mosca extremista islámica tuvo éxito, y el toro de Estados Unidos, impulsado por el enojo y el miedo, estuvo cerca de destruir la tienda del Medio Oriente. Hoy, los fundamentalistas están emergiendo a pesar de los destrozos que se generaron.

¿Cuál es la lección para el siglo veintiuno? Los terroristas ganan cuando los gobiernos super poderosos reaccionan de más.

Los humanos del siglo veintiuno son mucho más ignorantes de lo que nos damos cuenta

Por siglos, las sociedades liberales han depositado mucha confianza en la habilidad de los individuos para pensar y actuar racionalmente. De hecho, nuestras sociedades modernas están fundadas en la creencia de que cada humano adulto es un agente racional e independiente. Por ejemplo, la democracia esta basada en la noción de que los votantes saben qué es lo mejor. Nuestro sistema de capitalismo con libre competencia esta basado en la premisa de que los clientes nunca están mal. Y el sistema liberal de que la educación instruye a los pupilos a comprometerse en un pensamiento independiente.

Pero en el siglo veintiuno, poner tanta fe en nuestra habilidad racional es un grave error, ¿por qué? Porque los humanos modernos, como individuos, saben asombrosamente poco sobre como funciona el mundo actual.

Las personas en la era de la caverna sabían como cazar, convertir la piel de un animal en ropa y podían iniciar un fuego. El hombre moderno es mucho menos autosuficiente. El problema es que, a pesar de que requerimos de expertos para cumplir casi todas nuestras necesidades, nosotros falsamente pensamos que, a un nivel individual, sabemos mucho más que nuestros ancestros de la era de la caverna.

Por ejemplo, en un experimento, se les preguntó a los participantes si entendían cómo funciona un zipper. Aún cuando la gran mayoría contesto confiadamente que sí, cuando se les pidió que elaboren este conocimiento, la mayoría reconocieron que no tenían ni idea de cómo es que este mecanismo de uso diario funciona en realidad.

¿Cuál es la lección para el siglo veintiuno? El hombre moderno cae fácilmente en lo que se conoce como “la ilusión del conocimiento.” Esto es, los individuos tienden a creer que entienden mucho simplemente porque tratan el conocimiento que otras personas poseen (por ejemplo, el funcionamiento de un zipper) como si ellos lo tuvieran también.

La consecuencia de la ilusión del conocimiento es que los individuos, como los votantes u oficiales de gobierno, no pueden entender la complejidad del mundo ahora y lo ignorantes que son frente a ella.

Es por esto por lo que, vemos individuos que prácticamente no saben nada sobre meteorología proponer políticas sobre el cambio climático, o políticos impulsando soluciones a conflictos en Ucrania o Irak, aún cuando estos no pueden siquiera encontrarlos en un mapa.

Así que la próxima vez que alguien te dé su opinión, indaga un poco más y busca a profundidad para darte cuenta realmente que tanto conocen del tema en cuestión. Quizá te sorprendas.

Las escuelas del siglo veintiuno necesitan dar a los estudiantes menos información y más habilidades de pensamiento crítico

Una persona que nazca en esta época estará en sus treintas en el 2050 y probablemente siga viva en el 2100. Pero, ¿qué tipo de educación le ayudaría a esta persona a prosperar hacia el siguiente siglo?

Para que los niños del siglo veintiuno florezcan y se conviertan en adultos capaces, necesitamos repensar radicalmente nuestro sistema escolar. En otras palabras, las escuelas que nos trajeron aquí no nos llevarán allá.

Actualmente, las escuelas tienden a poner mucho énfasis en llenar a sus estudiantes de información. Este acercamiento hacía mucho sentido en el siglo diecinueve, porque la información era escasa. Este era un tiempo sin diarios, sin radio, ni bibliotecas públicas y televisión. Adicionalmente, inclusive la información que si existía era regularmente sujeta a censura. En muchos países, había muy poco material de lectura distinto a los textos religiosos y novelas. Consecuentemente, cuando el sistema educativo moderno se introdujo, con su enfoque en impartir los hechos verídicos de historia, geografía y biología; representaba una gran mejora para la mayoría de las personas.

Las condiciones de vida son muy distintas en el siglo veintiuno y nuestro sistema educativo ahora es extremadamente anticuado.

En el mundo de hoy somos inundados con información, en ocasiones de más, y nuestros gobiernos (o al menos la mayoría) no intentan censurarla. Las personas alrededor del mundo tienen teléfonos inteligentes y podrían pasar todo el día aprendiendo de Wikipedia, viendo TED talks y estudiando cursos en línea si tuvieran el tiempo y deseo de hacerlo.

Hoy en día, el problema del hombre moderno no es la falta de información sino la desinformación que ahora existe. Solo considera todas las noticias falsas que muchos de nosotros vemos mientras navegamos en nuestras redes sociales.

En respuesta a esta sobrecarga de información, las escuelas deberían dejar de estar alimentando de aún más data a los niños. En lugar de esto, los niños del siglo veintiuno necesitan ser enseñados a cómo dar sentido a vastas cantidades de información que les es vertida día con día. Necesitan aprender como distinguir entre información importante e información irrelevante, o meramente falsa. En el siglo veintiuno, la información siempre estará en la punta de nuestros dedos. La verdad, sin embargo, será más difícil de encontrar.

Conclusión

En este siglo de constante convulsión tecnológica y política, nos podemos preparar para el futuro al reconocer nuestra propia ignorancia frente a la creciente incertidumbre y discutir temas políticos candentes, como la inmigración, con calma racional. También podemos prepararnos para el futuro al aprender a diferenciar entre noticias o información falsa o verdadera. A pesar de que el siglo veintiuno ha traído miedos de terrorismo y desempleo masivo, debemos siempre recordar que, ultimadamente, la clave para nuestra prosperidad y seguridad se mantiene en nuestras propias manos.

Versión en español:

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Fernando Dada | Partner

Director of Hitos Consulting and leader of our coaching, cullture and change practices. More than 15 years of experience as a coach and consultant in organizational and commercial evolution. Postgraduate degree in competitive strategy at Ludwig-Maximilians-Universitat Munich, Corporate Finance at London Business School and certification in Executive Coaching, Teams, Systemic Coaching and High Performance Coaching, Leadership, Coach in Leadership Agility, Mgmnt 3.0, Scrum Master, Design Thinking.

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